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Pasa siempre lo mismo con las familias nobles. Mientras una parte llega a ser reyes y a marcar el destino de continentes enteros, a la otra le queda solamente la existencia de nobleza rural. Pasó a los Borbones, los Habsburgo, los Merovingios y los Rothschild. Y ahora también a los Burguer, primos de los Burger. Sin embargo, la historia de esta familia de descendencia anglo-sajona, que decidió mantener su apoyo inglés (Kin=familia en castellano) y solamente castellanizar su apellido colocando una “u”, no es muy conocida.

Sin duda conocemos todos al primo más famoso. Es guapo, exitoso y un poco sádico, porque a veces y por puro aburrimiento encierra a sus súbditos en pozos para ahorcarlos con su pasta, para luego pegarse un bailecito, escuchándoles sufrir.
Pues ahora también conocemos a su familia, que se quedó en Valencia, en su castillo en la calle Sagunto.

Es obvio que las dos partes de la familia ya no tienen mucho en común. Mientras que el King se lanza en batallas mundiales contra otras grandes dinastías de la hamburguesa, los Kins hacen lo que mejor saben hacer. Buena comida a un precio barato. Y tampoco tienen mucho contacto ya con su hermano. Se cuenta que él les invitó una vez, pero que ellos no fueron por miedo de acabar en un pozo. Aunque claro, un poquito muy poquito sí que se aprovechan de su fama.

¿Y la moraleja publicitaria de la historia? Cuando alguien tiene morro, siempre hace gracia. Pasa con los famosos calzoncillos Louis Putón, las fragancias de Coco Canal o los trajes de Georgi Amoni. O los perfeccionistas de todo esto, la productora de cine The Asylium, que a menudo cogen el argumento de una peli famosa para rodearla otra vez con un presupuesto bajísimo, poniéndola además un nombre adecuado. (Transformers se convierte en Transmorphers, Snakes on a plane en Snakes on a train, Pacific Rim en Atlantic Rim, etc.)

Lo malo es, que la gracia se va agotando. La primera vez que vienes con tus nuevos zapatos de Numa eres gracioso, a la segunda un pringado. Pero esto no tiene que pasar con nuestra familia real Burguer. Claro, llega el momento cuando ya no se ríe nadie al decir: Vamos al Burguer Kin. Sin embargo todos irán, porque aunque el nombre ya no sea gracioso, la comida es aceptable. Así que como publicistas tenemos que decir: La familia Burguer ha acertado.

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